La provincia de Anta experimenta transformaciones profundas marcadas por el ciclo de lluvias y sequía en los Andes, lo que define el ritmo de vida de sus habitantes y la fisonomía de sus campos.
Estación seca: el tiempo de las cosechas y el cielo despejado
Durante los meses de mayo a septiembre, el cielo de la pampa de Anta se mantiene de un azul intenso y despejado, con una visibilidad que permite apreciar la cordillera de Vilcabamba en todo su esplendor. Al aterrizar en el Aeropuerto Internacional Alejandro Velasco Astete en la cercana Cusco, percibís de inmediato el aire seco y fresco que caracteriza a esta época. Los días son cálidos, con temperaturas que promedian los 20 °C, pero las noches suelen ser gélidas, descendiendo a veces por debajo de los 0 °C.
Esta temporada coincide con las festividades más importantes de la región y la intensa actividad agrícola en las llanuras. El paisaje se tiñe de tonos dorados y marrones mientras los campesinos trabajan en la cosecha de cereales y tubérculos. Es el momento ideal para recorrer los sitios arqueológicos de Killarumiyoq o realizar caminatas hacia el Apu Salkantay, ya que la ausencia de lluvias garantiza senderos firmes y vistas nítidas de los nevados.
Estación de lluvias: el renacer del verde andino
Entre noviembre y marzo, la región se transforma en un manto verde vibrante gracias a las precipitaciones frecuentes que alimentan los suelos fértiles. El clima se vuelve más templado y húmedo, con mañanas nubladas que dan paso a lluvias intensas por las tardes, lo que genera una atmósfera mística en los valles. Al llegar a la zona, notás que el ritmo social se vuelve más pausado y puertas adentro, mientras la naturaleza recupera su fuerza y los arroyos bajan caudalosos desde las montañas.
Aunque las nubes pueden cubrir las cumbres, esta temporada ofrece una perspectiva más íntima y menos concurrida de la vida local. Los mercados de Izcuchaca y Anta se llenan de productos frescos estacionales y flores silvestres que brotan en cada rincón del camino. Es una época donde la humedad resalta la textura de las piedras incas y los campos de cultivo muestran una vitalidad que define la identidad agrícola de esta provincia.