Temporada alta
Al aterrizar en el Aeropuerto de Andahuaylas entre los meses de mayo y septiembre, te recibe un cielo despejado y un sol intenso que define el paisaje andino. Esta época coincide con la estación seca, donde las temperaturas diurnas son agradables pero las noches se vuelven gélidas, descendiendo con frecuencia de los 0 °C. Es el momento ideal para recorrer la Laguna de Pacucha o el complejo arqueológico de Sondor, ya que el clima estable facilita las caminatas y las actividades al aire libre sin interrupciones por lluvias.
El ritmo de la ciudad es dinámico y tiene eventos como el Chaccu de vicuñas, una tradición ancestral que convoca a las comunidades locales y visitantes. Durante el día, las plazas principales concentran la actividad social, mientras que el aire seco de la montaña otorga una visibilidad perfecta para apreciar la geografía del valle desde los miradores. Notarás que el ambiente es concurrido y la oferta cultural aprovecha la ausencia de precipitaciones para realizar ceremonias y ferias en espacios públicos.
Temporada baja
La llegada de las lluvias entre octubre y abril transforma el entorno en un manto verde profundo que se aprecia con nitidez desde el aire al aproximarse a la pista de aterrizaje. Aunque las precipitaciones son frecuentes, las temperaturas nocturnas son más moderadas que en el invierno, manteniendo un clima húmedo que refresca las tardes. Esta estación ofrece una perspectiva visual distinta de los campos de cultivo, con nubes bajas que suelen cubrir las cimas de los cerros circundantes.
A pesar de ser la época más lluviosa, febrero es un mes imperdible por el Pukllay, el Carnaval Originario del Perú. La ciudad se llena de música y comparsas tradicionales que celebran la identidad local bajo la lluvia, en un evento que detiene el ritmo habitual para dar paso al festejo. El pulso de la ciudad es más pausado fuera de los días de carnaval, lo que permite observar la vida cotidiana con mayor calma mientras el aroma a tierra mojada impregna el centro urbano.