Época de mayor afluencia
Durante los meses de diciembre a abril, el clima se vuelve más seco y los cielos despejados predominan sobre el Parque Nacional Canaima. Al aterrizar en el Aeropuerto de Canaima, vas a notar una atmósfera activa donde el sol resalta los colores rojizos de la arena en la Laguna de Canaima. Esta etapa coincide con los recesos anuales, por lo que el ritmo social es más intenso y los senderos hacia los miradores suelen estar más concurridos por viajeros que buscan capturar la silueta nítida de los tepuyes.
Aunque las temperaturas se mantienen cálidas, oscilando entre los 24 °C y 32 °C, el caudal de los ríos disminuye considerablemente. Si bien el acceso por aire es constante, la navegación por el Río Carrao puede tener limitaciones técnicas, transformando la estadía en una experiencia más contemplativa y enfocada en caminatas por la selva. La visibilidad del Auyantepuy es máxima en estos meses, lo que permite apreciar su estructura geológica sin la interrupción de las nubes bajas.
Temporada de lluvias y caudales máximos
De mayo a noviembre, el paisaje se transforma por la llegada de las precipitaciones constantes que alimentan los saltos de agua. Es el momento donde el Salto Ángel, sitio declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, recupera su volumen y tiene una caída de 979 metros de altura imperdible. Al llegar en avión, la primera imagen que vas a tener es la de una selva de un verde saturado envuelta en bruma, lo que le otorga al destino un carácter místico.
El estilo de vida se adapta al pulso del agua, ya que el aumento del nivel en los cauces facilita las expediciones en curiara hacia la base de las cataratas. El ambiente es más tranquilo, ideal si preferís una conexión directa con el entorno natural. Las lluvias suelen ser intensas pero breves, refrescando el aire y permitiendo que la fauna local se muestre con mayor frecuencia cerca de los asentamientos de la comunidad Pemón.