Temporada alta en Vigo
Cuando bajás del avión en el Aeropuerto de Vigo durante los meses de julio y agosto, te recibe una brisa marina que suaviza el calor del verano gallego. Con temperaturas que promedian los 25°C, la ciudad se vuelca por completo hacia su costa y las playas, como la extensa Playa de Samil, tienen una actividad constante. El ritmo urbano se acelera con festivales y conciertos al aire libre en el auditorio de Castrelos, donde la música aprovecha las noches despejadas de la región.
Es el momento para navegar por la Ría de Vigo hacia las Islas Cíes, que forman parte del Parque Nacional de las Islas Atlánticas. El cielo suele estar limpio, lo que te permite apreciar desde el aire la geografía recortada de las rías bajas antes de aterrizar. La vida social se traslada a las terrazas del Casco Vello y el sol se pone pasadas las 22:00, dándote días extensos para explorar el entorno costero.
Temporada baja en Vigo
La llegada del otoño y el invierno transforma el paisaje en una paleta de verdes intensos bajo un cielo más cubierto. Aunque las lluvias son frecuentes, las temperaturas se mantienen suaves y oscilan entre los 8°C y 14°C gracias a la influencia del océano Atlántico. Al aterrizar en esta época, vas a notar cómo las nubes bajas abrazan los montes que rodean la ciudad, lo que construye esa atmósfera mística tan propia de Galicia.
Durante estos meses, la ciudad cobra un protagonismo distinto gracias a la Navidad de Vigo, que atrae visitantes con un despliegue masivo de iluminación y decoraciones en el centro urbano. El ritmo se vuelve más pausado y puertas adentro, ideal para recorrer los mercados locales o caminar por la zona del puerto sin las aglomeraciones del verano. Es una etapa donde la esencia portuaria se percibe con más fuerza en la vida cotidiana de sus habitantes.