Las Islas Galápagos tienen dos ciclos climáticos marcados que definen el ritmo de la vida silvestre y la experiencia de quienes aterrizan en este archipiélago volcánico. La transición entre estas etapas altera el paisaje y el comportamiento de las especies endémicas de forma drástica.
Temporada de calor y lluvias
Entre diciembre y mayo, el archipiélago recibe la influencia de la corriente de Panamá, lo que eleva la temperatura del aire hasta los 30 °C. Durante estos meses, el cielo suele estar despejado pero se presentan lluvias breves y fuertes que transforman las zonas altas en terrenos de un verde intenso. Al bajar del avión en el Aeropuerto de Baltra (GPS) o en el Aeropuerto de San Cristóbal (SCY), sentís de inmediato un ambiente tropical, húmedo y caluroso que invita a disfrutar de las playas de arena blanca.
Esta época es ideal para el snorkel, ya que el agua está más cálida y tranquila, alcanzando unos 26 °C. Es el momento del año donde se observa el cortejo de las iguanas marinas y el inicio de la temporada de anidación de las tortugas gigantes y las aves marinas. El ritmo en los puertos como Puerto Ayora es relajado, marcado por días largos de sol que permiten aprovechar al máximo las excursiones marítimas antes de las precipitaciones vespertinas.
Temporada de garúa
Desde junio hasta noviembre, la corriente de Humboldt toma el protagonismo, trayendo aguas más frías y ricas en nutrientes. El clima se vuelve más fresco, con temperaturas que oscilan entre los 19 °C y 24 °C, y aparece una neblina persistente conocida como garúa en las partes altas de las islas. Al llegar, notás una atmósfera más mística y templada, donde la actividad marina se intensifica debido a la abundancia de alimento en el océano.
Es la temporada preferida por los observadores de aves y buceadores experimentados, ya que el agua más fría atrae a especies como el tiburón ballena y los pingüinos de Galápagos, que se muestran más activos. La vida social en las islas se adapta a este clima más seco; las caminatas por senderos volcánicos son más cómodas sin el calor sofocante del verano. Aunque el mar puede estar algo más agitado, la riqueza biológica que emerge en estos meses define la identidad salvaje y dinámica del archipiélago.